Una sola chispa puede hacer arder a todo un bosque.
El chico se levantaba todas las mañanas con la cabeza embotada, daba igual las horas que lograse conciliar el sueño. Una terrible jaqueca le acompañaba con la luz de la mañana.
Mientras las frías y reparadoras gotas de agua acariciaban su rostro, se miraba al espejo. Como el horrible retrato de Dorian Gray, el reflejo de su cara le era cada vez más desconocido. Una cara delgada, marcada por la sombra de una barba incipiente que le dibujaba líneas cruentas en su rostro. Unos ojos negros y acerados, llenos de furia y miedo, le devolvían la mirada.
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Solo siento odio y furia. Una llama arde dentro, quema tanto que ya no siento nada. No hay dolor, no hay emoción. De las llamas nace el frío vacío, una nada abrasadora y oscura. Ojalá el infierno fuese algo físico, la triste realidad es que ese infierno está dentro de uno mismo. Esa es la horrible realidad.
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